El Arca del Pacto de Jehová que era la presencia de Dios, estuvo lejos del Templo y del pueblo durante más de veinte años. David, al asumir como rey, se toma la tarea de devolver el arca de Dios a Jerusalén. Un accidente y fallecimiento, durante su transporte cambia todos los planes de David y de Obed-edom.

a) vs. 6-7. La presencia de Dios no es cualquier cosa. El arca debía ser transportada en los hombros de los sacerdotes, a veces las buenas intenciones no alcanzan. Lo que vale es la obediencia.

b) v. 10. La presencia de Dios puede entrar a cualquier lugar que lo deje entrar. El mismo Dios entró a muchas casas: Zaqueo, Pedro, María, Marta, Lázaro, Mateo, Jairo. En poco tiempo la vida se revoluciona. Aunque el arca estuvo en la casa del sacerdote Abinadab durante 20 años, no sucedió lo mismo.

c) 1 Samuel 7:1-2 y 12a. Todo es bendecido y prosperado cuando la presencia de Dios está ahí; y todos sabrán que ahí está Dios, eso evangeliza más que otra cualquier cosa.

d) v. 12b. Su presencia nunca se marcha, porque nosotros seguimos en la búsqueda de ella.

e) En solo tres meses, Obed-edom se convirtió de un campesino en un adorador (1 Cr. 15:21), de granjero a guardián del templo (1 Cr. 15:24-25), y contagió de ese amor por la presencia de Dios a 68 parientes. (1 Cr. 16:37-38).

f) 1 Cr. 26:15. Si Dios nos encarga su casa, Él se encarga de las provisiones para nosotros. Ahí hay vino, gozo; granos, prosperidad; aceite, unción